Sobre altruismo y conducta de ayuda
Leedlo, es interesante para todos.
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A comienzos de los años 70, los psicólogos sociales se encontraron con un caso en el que, paradójicamente, la presencia de otras personas no facilita sino que inhibe el comportamiento. En términos conceptuales, el fenómeno es distinto, porque en este caso no se trata de facilitar una conducta que ya se está ejecutando, sino de incitar una conducta que no se ha producido. Sin embargo, la paradoja no podia ser más cruel porque la conducta que se inhibía era , ni más ni menos, que la de ayuda.
Los ejemplos que ilustraban tal inhibición se hicieron desgraciademante populares a fines de los años 60 y , desde entonces, han dado lugar a un tema recurrente: la crueldad y deshumanizacion de las grandes ciudades. La opinión pública norteamericana, y por extensión la de todos los países desarrollados, empezaron a ser conscientes de que los viandantes, en la gran ciudad, ignoran a su prójimo hasta límites insospechados. La prensa recogió casos espeluznantes, tales como el de un muchacho, Andrew Mormille, que murió apuñalado por unos pandilleros en el metro de Nueva York, ante la presencia impasible de once testigos. Nadie intentó ayudar a Andrew durante la pelea, lo cual puede ser más o menos comprensible, pero lo que horrorizó a la opinión pública no fue eso: fue el hecho de que, una vez los pandilleros abandonaron el vagón, los pasajeron viajaran con el muchacho moribundo durante varias paradas sin que nadie moviera un dedo por él. O el caso de una mujer que huyó desnuda de sus violadores, a plena luz del día, hasta ser arrastrada de nuevo al interior del edificio y no fue auxiliada por ninguna de las personas que transitaban por la calle. O el caso de la mujer que luchó con su asaltante durante media hora hasta morir apuñalada, en presencia de 38 testigos, que no sólo no la auxiliaron, sino que ni siquiera llamaron a la policía. Desgraciadamente, tales casos son todavía frecuentes. Hace poco tiempo la prensa holandesa recogía el caso de una niña marroquí que murió ahogada en presencia de numerosos testigos, que no hicieron el más mínimo esfuerzo por ayudarla, y podríamos ampliar esta nómina de horrores indefinidamente, en cualquier gran ciudad.
A los psicólogos sociales, en tales casos, no sólo les preocupó el dolor de las víctimas. Les preocupó sobre tod el dolor , el indudable remordimiento de los testigos pasivos y, por extensión , de cualquiera que leyera esta noticia. Las preguntas que surgen inmediatamente son: ¿SOMOS NECESARIAMENTE ASÍ? ¿MONSTRUOS DE EGOÍSMO QUE NO ESTAMOS DISPUESTOS A AYUDAR A LOS DEMÁS NI SIQUIERA HACIENDO UNA SIMPLE LLAMADA TELEFÓNICA?
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Espeluznante, ¿verdad?
Bien, pues se estudió y se dieron una serie de respuestas, pero yo os cuento hasta aquí. Me gustaría que reflexionárais un poquito y me dijerais qué pensais vosotros. Gracias
Hasta la próxima entrega.
1 comentario
Neodidimo -
Cada día más asquerosos, más maleducados y más cabrones. Yo creo que sí ayudaría a alguien que necesita ayuda, aunque no lo conozca. El caso es: ¿me ayudarían a mi?